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Las estadísticas sociales y educativas ante el COVID-19: oportunidades y recaudos

Actualizado: nov 5



Por Nancy Montes, investigadora del Programa ECyS. Área de Educación de Flacso Argentina



El contexto


Esta pandemia puso sobre la agenda pública la explicación de lo que sucede bajo la forma de estadísticas, gráficos y mapas cuya evolución, análisis y estimación permiten ir tomando decisiones para regular las conductas y las diferentes “etapas” que como sociedades estamos atravesando.


Tanto es así que se ha constituido en objeto de la política de cuidado y de la prevención un comportamiento que se puede graficar: “aplanar o achatar la curva” o expresar en un índice para evaluar escenarios. De modo inédito, las comunicaciones oficiales y las páginas estatales realizan un conteo que se presenta como necesario para transparentar también las acciones de gobierno en la detección y en la intervención sobre el COVID.


Estas mediciones encuentran además su sentido en la comparación con otros países (limítrofes y distantes, de tamaños similares o no) y entre jurisdicciones, toda vez que esa lectura permite calibrar los resultados de las regulaciones establecidas y revisar nuevas. Medir es comparar, podemos saber si estamos mejor o peor siempre en relación con algún parámetro.


El virus se expande (o no) de acuerdo con las decisiones gubernamentales y el acatamiento de los diferentes grupos poblacionales a las regulaciones establecidas. Todo lo dicho o pensado sobre el gobierno de las poblaciones encuentra en esta pandemia un nuevo campo de análisis. Por otra parte, los campos de conocimiento científico expresan también sus límites y la necesidad de su complementariedad: mientras no exista una vacuna o un tratamiento médico la única medida posible para evitar la infección o para transitarla es de carácter social e individual. Las ciencias sociales, que por mucho tiempo y desde algunos sectores han sido cuestionadas por su utilidad o relevancia encuentran hoy un reconocimiento no menor.


En este contexto, casi de modo cotidiano asistimos a la proliferación de estudios y resultados de encuestas que muestran aquello que no podemos ver de modo directo. La situación de aislamiento, de encierro y de distanciamiento nos aleja de los objetos a analizar y entonces, algunos dispositivos tecnológicos y las redes (sociales y virtuales) son la única posibilidad de contactarnos con lo que pasa, para intentar conocerlo, analizarlo y hacerlo inteligible.


Recaudos para el análisis y para la producción de datos y estudios


Con fines analíticos, que es una de las funciones de los espacios de formación y de investigación en los que estamos insertos/as, es necesario precisar la validez y la construcción que está en la base de los datos y resultados que se nos presentan. Un link de libre circulación sin variables básicas de identificación de quien responde, no garantiza un resultado sin sesgos ni metodológicamente cuidado. Como investigadores e investigadoras tenemos la responsabilidad de dar cuenta del modo en que realizamos estudios e investigaciones (aún en tiempos de excepción, sobre todo en ellos). El universo alcanzado, el tipo de población o los principales atributos de quienes responden, el ámbito geográfico representados, si las muestras son representativas o intencionales, si se trata de sectores desfavorecidos o no, entre otras variables a cuidar. Del mismo modo, en tanto lectores/as y divulgadores/as de esos resultados, estos recaudos no deben estar ausentes. En nuestros estudios y en la formación solemos alertar sobre los sesgos que pueden inundar o inhabilitar nuestros trabajos y la necesidad de controlarlos, de tener cierta “vigilancia” sobre ellos. Si es algo que no definimos, otros lo harán por nosotrxs, seguramente invalidando u orientando esa indagación y, por tanto, sus resultados. Lo que dejemos librado al azar será definido por otros algoritmos u otras direccionalidades.


Algunas universidades, el CONICET, UNICEF, CIPPEC, el Ministerio de Educación, áreas de salud, sindicatos, grupos de investigación han estado o están realizando estudios a través de encuestas, entrevistas o imágenes para describir lo que sucede, anticipar necesidades y evaluar acciones. Muchos de esos estudios se realizan recurriendo a redes existentes de contactos con referentes sociales o institucionales aportados por los ministerios y las escuelas para llegar a las familias y a los estudiantes o bien analizando la información pública sobre algunas iniciativas. La descripción de estas metodologías se constituye también en algo a explicitar y a requerir. La gravedad y la excepcionalidad de lo que hoy nos sucede impone estos cuidados que son técnicos y éticos. También conviven con registros ensayísticos, opiniones, elucubraciones que completan el panorama de conocimiento disponible que habrá que poder diferenciar.


¿Cómo investigar y cómo producir conocimiento en tiempos de pandemia?


¿Qué recursos de información nos permitirán sostener líneas de trabajo en el marco de las agendas institucionales e individuales en proyectos colectivos de investigación o en los individuales, en tesis de grado y de posgrado?


El campo de la investigación en educación tiene aún mucho por hacer en términos de la producción de estudios que consideren el uso de fuentes secundarias. Este momento, que ha dificultado y seguirá impidiendo la posibilidad de realizar observaciones y trabajos de campo en el modo en que hasta ahora lo hemos hecho (dificultad para trasladarnos a otras jurisdicciones o localidades, para ingresar a las escuelas o para compartir espacios en instituciones y en aulas) abre la posibilidad (aunque siempre la tuvimos) de explorar y explotar bases de datos y conjuntos de información estadística que están disponibles de modo público, abierto en el formato de anuarios, sistemas de indicadores, microdatos o subconjuntos de información que pueden ser solicitados a las áreas de estadística que los producen.


A continuación, están listados los principales sitios que ponen a disposición sus producciones o procesamientos. Muchos de ellos especializados en cuestiones sociales y educativas. Acceso a la educación, persistencia de brechas y desigualdades, resultados de aprendizajes, pobreza, mercado de trabajo, financiamiento o las dinámicas que caracterizan a niveles y modalidades pueden ser analizados con muchos de estos recursos de un modo que resulta necesario y valioso para ampliar lo que sabemos sobre algunos fenómenos. Estos análisis podrían tener como escenario diferentes territorios, ámbitos locales, jurisdiccionales, nacionales o internacionales.



Este tiempo de pandemia requiere también, para las áreas productoras de información, algunas definiciones metodológicas y relativas a los procedimientos necesarios para garantizar las series estadísticas. El censo de población que se había previsto realizar el 28 de octubre de este año y cuyas pruebas piloto se venían realizando, muy probablemente deba posponerse hacia el primer trimestre de 2021. Las encuestas a hogares y las de precios, también estarán suspendidas en su modo habitual o estarán revisando otras estrategias de captación que pongan cuidado sobre encuestadores/as y personas encuestadas. El INDEC está informando de modo frecuente las decisiones que se van tomando en torno a sus principales operativos. La situación de COVID desbarató todas las rutinas de trabajo (también la de las áreas estadísticas) y el acceso a datos o su producción estará afectado en sus tiempos pero también en la posibilidad y calidad de los datos necesarios. El año 2020, que será tomado como referencia por muchos años más, tendrá varias notas al pie explicando el raro comportamiento de algunos de sus parámetros de un modo que aún no podremos dimensionar y que se está evaluando en las áreas especializadas, nacionales, regionales e internacionales.


Estudiantes matriculados que NO son presenciales, niveles educativos que no empezaron a cursar (en algunas instituciones de educación superior), exámenes y finalizaciones de ciclo que han quedado postergadas, instituciones que no siempre pueden volcar registros administrativos en línea (en particular en los sistemas nominalizados) y equipos técnicos sin posibilidades de procesar las bases que resguardan la información que no es susceptible de acceder de modo remoto son parte de las dificultades a las que hacemos mención. Los años 2019, 20 y 21 estarán impactados por esta pandemia, en particular los indicadores inter-anuales o que requieren varios años para su elaboración. Los análisis de cohortes están también afectados por esta situación. Será necesario definir metodologías posibles o métodos de estimación que también deberán explicitarse, publicarse, discutirse para dar continuidad a estas producciones censales y muestrales que forman ya parte de la producción de conocimiento, en muchos casos a cargo del estado, en un contexto que suma a los problemas mencionados una importante restricción de recursos y de vulnerabilidades en amplios grupos poblacionales.

Seguramente este momento sea propicio para generar otras prácticas que también están presentes en la comunidad académica aunque no constituyan su modo prevalente. Las asociaciones entre equipos de investigación de ámbitos distantes, los modos colaborativos para intercambiar saberes y capacidades, la posibilidad de compartir metodologías de trabajo, instrumentos, la integración de equipos multidisciplinares, puedan ser algunas de las formas de reducir los márgenes que este aislamiento impone y seguir produciendo. El trabajo que realizó la Comisión de Ciencias Sociales del CONICET, coordinado por Gabriel Kessler reuniendo a 500 investigadores/as de todo el país para elaborar un informe en escaso margen de tiempo, que sirva como línea de base para estimar condiciones y dificultades en contexto de COVID es uno de esos ejemplos. Los dos estudios realizados por la UNGS, por el ICO que ofrece información georreferenciada es otro ejemplo, integrando docentes y estudiantes que participaron de esa producción. En el caso del Programa de Educación, Conocimiento y Sociedad de la FLACSO, las iniciativas para indagar y relevar los modos en que escuelas y docentes están trabajando en la continuidad pedagógica o el proyecto RIES, que pone en común la producción de investigación de modo colaborativo son otros botones de muestra de este tipo de posibilidades. A nivel regional e internacional esto se amplía en redes de intercambio entre universidades o unidades académicas, como el trabajo sobre educación secundaria que en breve publicará la FLACSO con la concurrencia de varias de sus sedes. Todos esos trabajos son y seguirán siendo insumos valiosos para intentar decodificar el estado alterado de la educación y la producción académica.

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