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Los saberes “imprescindibles” de la formación docente.



Por Nancy Romero, investigadora en el Programa ECyS - Área de Educación - FLACSO Argentina


Una agenda deseada a futuro desde la perspectiva de los formadores


La obra de René Magritte, “Clarividencia”, sugiere, entre otras cosas, la vinculación entre los deseos y la acción para imaginar un futuro, ¿quién podría advertir que de la observación de un huevo se le ocurriría al pintor un pájaro azul? Me interesa ubicarme en ese momento de diálogo entre la observación de una realidad y la capacidad para crear un futuro con las acciones del presente. En ese sentido, imaginar el futuro no anula el presente, ni éste se concibe como un tránsito hacia adelante, sino como una instancia con valor propio que requiere de un compromiso, de un sujeto político.

Estas reflexiones surgen de un conjunto de conversaciones con profesores de Institutos de Formación Docente y docentes coformadores de escuelas primarias de distintas jurisdicciones de nuestro país, durante una actividad de extensión de la Especialización en Curriculum y prácticas escolares en contexto.

Una lectura del año transitado desde el lugar de formadores de docentes da cuenta, como sostiene Jackson (1998), que la enseñanza se perfecciona en su desarrollo y va transformando a quienes la practican. La singularidad del presente de la escuela en cuarentena y su impacto en las prácticas atravesó simultáneamente a los formadores, a los estudiantes residentes (ahora en la virtualidad) y a los maestros. En palabras de profesoras de un IFD, “enseñamos a enseñar al mismo tiempo que aprendemos a enseñar con ellos”, “Pasar de la lámina a la edición de videos, del collage en papel al digital, del laboratorio a nuestra propia cocina, nuestra casa como aula. Digo todo en plural porque yo también fui parte de la tormenta. Aprendimos juntas, mis alumnas y yo”.

La oportunidad del diálogo entre los profesores de IFD, responsables de brindar experiencias y saberes a quienes tendrán a su cargo la transmisión del capital cultural institucionalizado y los docentes coformadores, quienes acompañan y participan de las instancias iniciales de socialización profesional de los futuros docentes ofreciendo el apoyo de la tarea pedagógica, dio lugar al esbozo de una agenda de la formación docente. Una agenda compuesta por saberes y prácticas que, a partir de la experiencia movilizante de este año son definidas como “imprescindibles” en la formación de los futuros docentes. Es importante reparar que si bien, varios de ellos, han sido contenidos y formas de enseñar previas a la cuarentena, otros tantos cambiaron de sentido, se impulsaron o se crearon en la propia práctica docente durante este año.

¿Qué deberíamos enseñar?”, es la pregunta que reúne las intenciones de enseñanza de saberes y prácticas y cuya respuesta refleja la propia experiencia docente de los formadores. Se organizan en dos ejes, los relativos al estudio durante la formación y los relativos a la enseñanza.

En relación con el primer eje se mencionan:

Enseñar a ampliar los universos de formación. Se reconoce la importancia de enriquecer las propuestas de enseñanza con los conocimientos adquiridos en espacios de formación por fuera de lo escolar. Aparece, también, la sorpresa por la “inmensidad de recursos” disponibles en la web que se tiene al alcance y el descubrimiento de “la propia capacidad para utilizarlos”.

Enseñar a desarrollar la autonomía en relación con el propio aprendizaje. Dar lugar como formadores para que los estudiantes tengan la posibilidad de pedir aquello que necesitan para mejorar su formación, cuestionar lo que se presenta como obstáculo de crecimiento para superarse e identificar cuáles son las fortalezas para potenciarlas y sacar el mayor provecho de ellas.

Enseñar a ejercer el protagonismo en el aprendizaje en instancias colectivas. Generar dinámicas de trabajo en equipo que pongan en juego los conocimientos, la capacidad de análisis y de creatividad, dando lugar a “producciones dignas de ser recordadas por los mismos estudiantes”. Promover espacios que habiliten voces y aportes que en otras circunstancias son subsumidas por el grupo de trabajo, para que el estudiante haga escuchar su voz en la discusión común.

Con respecto al segundo eje:

Enseñar la autonomía profesional para el diseño de la enseñanza. Transmitir la convicción de la capacidad transformadora de la educación y la disposición a “mover las fichas del curriculum, para que sus contenidos sean realmente una oportunidad intelectual”. Abrir tiempos para revisar la propuesta, reconfigurarla a partir de analizar los contextos y las condiciones de enseñanza y de aprendizaje.

Enseñar a organizar propuestas integradoras de contenidos. Se pondera la observación de la realidad para definir la enseñanza desde la visión de las áreas integradas alrededor de un eje temático. Esa forma de organizar contenidos implica el trabajo entre docentes. Se acentúa la apropiación del uso de las plataformas educativas, “más allá que sean o no indispensables para el acto pedagógico”.

Enseñar a sumar interlocutores a la propia propuesta de enseñanza. Generar espacios de diálogo y trabajo con los colegas, los estudiantes y las familias, considerar esa comunicación para interpelar la propia propuesta.

El carácter de “imprescindible” de este conjunto de saberes y prácticas surge de la conciencia de lo que se sabe y que es inseparable de la conciencia de lo que no se sabe. Dice la filósofa Marina Garcés (2020) “No hay saber que no tenga una sombra, un después. ¿Qué hay en este no saber? Está lleno de todos los huecos que necesitamos para aprender”.

La experiencia del año confirma una vez más que el trabajo escolar se desarrolla en contextos cada vez más complejos. En lo expresado se acentúa una dimensión experimental, creativa y colaborativa de la docencia. En particular el reconocimiento de las experiencias compartidas como condición de la tarea y de una posición activa y crítica del propio rol.

Hasta acá algunas ideas para seguir replanteando el trabajo de enseñar, el lugar de la escuela hoy y los sujetos de la formación, cuestión que exige considerar los vínculos que se establecen entre las instituciones que brindan formación de grado con los puestos de trabajo en el sistema educativo y con las responsabilidades sociales que desempeñan los docentes.


Bibliografía

Garces, M. (2020) Escuela de aprendices. Barcelona: Galaxia Gutenberg.

Jackson P. (1998). La vida en las aulas. Madrid: Ed.Morata.

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