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  • Guillermina Tiramonti

Retomando el concepto de fragmentación educativa

Actualizado: 27 sept


Por Guillermina Tiramonti, Investigadora del Programa ECyS. Área de Educación de Flacso Argentina.


Hace 12 años, junto con el Grupo Viernes de investigación educativa de la FLACSO, publicamos el texto “La trama de la desigualdad educativa” en el que revisábamos el tradicional concepto de segmentación que designaba una concepción de la desigualdad asociada básicamente al origen socioeconómico de los alumnos. A diferencia del anterior, el concepto de fragmentación que comenzamos a utilizar puso el acento en las diferencias socioculturales de los alumnos y marcó que las desigualdades en materia educativa no se agotaban en los asimétricos recursos materiales que circulan al interior de un espacio, sino que las distancias se reforzaban por las diferencias culturales entre unos y otros.


De allí en más el concepto de fragmentación educativa se usó livianamente para designar desigualdades materiales o geográficas sin considerar el peso de la cultura. Por ejemplo, se utilizó para plantear que la descentralización fragmenta, cuando lo que ésta produce es una multiplicación de la dependencia de las escuelas y no, necesariamente, rompe con continuidades socioculturales que pueden seguirse a lo largo y a lo ancho de nuestro país. Mucho del valor de este concepto se desaprovechó a la luz de las lecturas políticamente interesadas o por falta de profundidad de las lecturas.


El derrotero decadente de nuestra sociedad y de su educación me habilita a un rescate de este concepto, que ha perdido presencia, en favor de la reivindicación de las minorías discriminadas. La fragmentación nos permite visualizar una sociedad y un sistema educativo donde cada grupo sociocultural está encerrado en sí mismo. Es al interior de este espacio que circulan saberes, prejuicios, oportunidades, jergas, formas de vida y redes de relaciones. Para algunos de ellos, estos recursos son suficientes para saltar de un fragmento a otro y realizarse con cierta libertad y autonomía de su origen, o simplemente quedarse y gozar de los privilegios de su origen. En cambio, en otros fragmentos los niños y jóvenes están condenados a tejer sus vidas con los elementos que circulan en su medio que son propios de la pobreza, aunque no los mismos que los de las generaciones que los precedieron. Hoy su territorio cultural está atravesado por la violencia que produce en los márgenes la exclusión del consumo en una sociedad que se organiza en base a su acceso, a lo que se agrega la subcultura narco y de la existencia planera.


Las formas de vida dentro de cada espacio difieren cada vez más unas de otras y las rutas de paso son cada vez más estrechas y difíciles de transitar cuando se trata de pasar del margen a otro fragmento que ofrezca mejores posibilidades de vida.

La sociedad se ha transformado en un territorio perimetrado que ha dejado atrás la posibilidad de una sociedad integrada.


Tal vez deberíamos repensar el fenómeno de la desigualdad educativa retomando este concepto para avanzar en políticas y propuestas educativas que rompan los cercos de los fragmentos.

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