Sandra Ziegler

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Educación: la falacia del ‘Sálvese quien pueda’

Educación: la falacia del ‘Sálvese quien pueda’

Hay un refrán que dice “el pasto es más verde en la casa del vecino”. Sin embargo, en asuntos educativos, el sentido común imperante es el inverso. En una encuesta reciente aplicada a madres de niños de nivel primario de escuelas estatales y privadas de todo el país, el 52% señala que la educación argentina en general es muy buena o buena y esa opinión favorable asciende al 90% al referirse a la educación que reciben sus hijos. De modo que hay un supuesto acerca de que la educación de los propios hijos dista de la generalidad.

En esta encuesta impulsada por “Argentinos por la Educación”, se registra una absoluta polarización entre quienes señalan que la escuela en el nivel primario es muy buena o buena, y en el otro extremo, casi la mitad sostiene la visión contraria. Frente a esta polarización, es muy significativo que las perspectivas sobre la educación son peores entre las madres de mayor nivel educativo. El 31% de quienes tienen título de nivel universitario considera que la educación es mala, mientras que dicho porcentaje desciende a casi la mitad (15%) entre las madres con títulos de hasta nivel secundario incompleto. De modo que a mayor titulación, el diagnóstico de la educación general es más crítico.

La valoración de la educación según la propia educación

Estas tendencias son consistentes con resultados de otras indagaciones previas y evidencian que las familias con trayectorias educativas más consolidadas consideran que si bien la educación presenta resultados desfavorables, sus hijos están al margen de los avatares del sistema educativo. Como si el sálvese quien pueda tuviera alguna efectividad en este terreno.

En contraposición con el grupo anterior, las madres con menores titulaciones (hasta secundario incompleto), consideran que la educación general es muy buena o buena en mayor grado (61%) y señalan que la educación de sus hijos es mucho mejor o mejor que la propia (52%). Para el sector que obtuvo estas titulaciones, las perspectivas que ofrece el sistema educativo prometería mejores oportunidades para su descendencia.

En todos los casos, hay una expectativa social y un optimismo depositado en la educación, ya sea al reconocer que la educación de los hijos está a resguardo, o por considerar que la escuela de hoy es mejor que la de otro tiempo. Sin embargo, es muy llamativo que en la visión de las encuestadas las percepciones son más favorables que los resultados que arrojan las mediciones en el sistema educativo.

Las pruebas Aprender, que miden los aprendizajes en el país, aplicadas luego de la pandemia continúan presentando datos alarmantes. En Lengua, un 56% de alumnos de 6to grado obtiene resultados buenos, la cifra es del 54,8% para Matemática. Si los datos anteriores se analizan por origen social, en Matemática solo 3 de cada 10 de los estudiantes de las familias de estratos socioeconómicos más bajos logra un buen desempeño y en Lengua un poco menos de 3 de cada 10. El panorama entonces es más grave en tanto la escuela no logra contrarrestar las desigualdades de origen, sino que las refuerza.

La Argentina no se destaca por sus resultados

Las pruebas PISA, que se aplican a nivel internacional a la edad de 15 años, arrojan también para la Argentina resultados adversos. Para el año 2018, de un total de 79 sistemas evaluados, la Argentina ocupó el puesto 63 en lectura, 65 en ciencias y 71 en matemática. A nivel latinoamericano, está en el 7mo lugar en Lengua y Ciencias y en el 8vo lugar en Matemática entre 10 países que participan de la región.

Cuando se desagregan los datos por el más alto rendimiento en las pruebas en Lengua, Matemática o Ciencias, la Argentina ocupa el puesto 42 entre 46 países (detrás de Chile, Colombia y Brasil), y prácticamente no hay diferencias sustantivas entre los escasos estudiantes que obtienen altos resultados según su nivel socioeconómico. De modo que la Argentina no se destaca por sus resultados y los sectores más favorecidos no presentan mejores resultados en esa magra performance que equipara a todos los países latinoamericanos en las pruebas internacionales en los puestos inferiores.

En síntesis, las evaluaciones nacionales e internacionales demuestran que hay tendencias comunes de las que no son exceptuados quienes creen estar al margen y a resguardo de las adversidades del sistema educativo. Quienes provienen de los hogares en condiciones más desfavorables están en situación de mayor desventaja, pero quienes pertenecen a los grupos más favorecidos tampoco reciben beneficios de un sistema educativo que no está promoviendo aprendizajes básicos.

Diversas fuentes de información constatan que en el sentido común hay una disociación entre las opiniones acerca de la educación (ya sea general o la de los propios hijos) con respecto a la situación de los aprendizajes. Para revertir cualquier problemática, el primer paso es reconocerla como tal, mientras tanto, buena parte de la sociedad argentina prefiere seguir viendo la parcela de pasto verde en su propia casa.

Sandra Ziegler es directora de la Maestría en Ciencias Sociales con orientación en Educación, FLACSO Argentina

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